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| Dos poesías
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Dos brotes de la tierra, dos lugares, dos momentos del tiempo y de la vida.
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Trigales contiguos al cementerio de Humboldt
(Mirando por sobre el muro cuando enterraron a mi abuelo Enrique) El ritmo somnoliento de las horas canturrea, dormido, a media voz ... Se encienden los espejos de las siestas mojando en lontananza una ilusión ... Y juegan promisoras las espigas doncellas cortejadas por el sol
El oro de sus trenzas irisadas empapa de nostalgia las cadenciosas olas amarillas que palpitan con lírico compás. Y en medio de la tarde embalsamada reverbera el placer de las espigas al contacto del sol canicular.
Exhalaciones poéticas, salpican a las rubias melenas con sus risas; y duérmese el trigal en la llanura mecido por el viento que lo ondula.
Edelweis
Mordió mi carne joven
la purpúrea burbuja que palpita y que crepita en tu mañana azul. Tímidas borbotearon en mi pecho las llamaradas que, quizás esquivas, en mis ojos mostraron su poesía.
Mas no llegó en mi boca a hacer su casa lo que en mi loco corazón ardía.
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